¿Cuántas veces sentiste vergüenza porque tu hija o hijo empezó a llorar sin control en plena reunión familiar, en el supermercado, en la calle o frente a tus amistades, y a cambio recibiste muchas miradas acusadoras apuntando hacia ti, haciéndote creer que estabas fallando como mamá o papá?
¿Cuántas veces tus palabras no fueron suficientes para brindarle el soporte emocional que tu hija o hijo necesitaba en ese momento, por lo que te dieron ganas —si acaso no lo hiciste— de gritarle o golpearle para frenar de una vez por todas esa situación tan abrumadora?
Ahora, piensa lo siguiente: si para nosotros, las personas adultas, muchas veces resulta difícil gestionar nuestras propias emociones de forma asertiva, ¿imaginas lo complejo que puede ser para tu peque, que apenas tiene unos cuantos años de vida, expresar lo que siente?
A continuación, comparto algunos pasos para lograr una contención emocional respetuosa, que puedes poner en práctica tanto dentro como fuera de casa:
1. Acércate y valida sus emociones.
Para comprender el motivo por el cual empezó a expresarse —a través del llanto, el grito, los golpes, etc.— es importante que primero le hagas saber a tu hija o hijo que es válido lo que está sintiendo y que lo comprendes.
Una forma de hacerlo es mediante el contacto visual —agachándote hasta su altura— para decirle algo como:
"Sé que te ha enojado que _______" / "Sé que estás triste por ______".
Esta primera etapa ayuda a las niñas y niños a comprender, de forma tácita, que expresar las emociones es un proceso natural.
Por el contrario, si cada vez que una niña o niño llora se le pide que deje de hacerlo —sin una validación ni contención previa— aprenderá y creerá que lo mejor será reprimir lo que siente.
2. Agradece las buenas intenciones de los espectadores.
Es normal que, mientras tu hija o hijo se desborda en llanto, algunas personas se acerquen para preguntarle: “Uy, ¿qué te pasó?” o “Ya no estés así, ya pasará”.
Estas palabras, lejos de calmarle, muchas veces intensifican sus emociones y pueden hacerte sentir frustración porque nada parece funcionar, mientras tu paciencia se agota.
En ese momento, recuerda que quienes se acercan, en su buena intención, solo desean ayudar, aunque a veces no lo logren. Agradece su intención y continúa tu labor de contención con calma y claridad.
3. Busca un lugar adecuado.
¿Te ha pasado que, cuando estás molesta o molesto, a veces prefieres estar sola/o y que nadie te hable?
Eso mismo sucede con muchas niñas y niños.
Si notas que el entorno o la presencia de muchas personas no favorece el proceso de contención, busca otro espacio más adecuado. Explícale que se trasladarán para tener mayor privacidad. Si acepta, genial. Si prefiere quedarse, respétalo y acompáñale ahí.
Es clave que tu hija o hijo comprenda que cambiar de lugar no es un castigo, sino una estrategia para sentirse mejor.
4. Acompáñale durante el proceso.
Contener emocionalmente a tu hija o hijo implica sostener lo que siente a través del acompañamiento. Puedes hacerlo de distintas maneras: con un abrazo, con tu presencia silenciosa, o con palabras que den calma. La forma elegida dependerá de la emoción, la situación y la edad de tu peque.
Por ejemplo, un abrazo puede reconfortar cuando hay tristeza, pero si hay rabia o enojo, tal vez prefiera no ser tocado/a. No hay una única respuesta correcta, pero es importante hacerle saber que estás disponible para conversar cuando lo necesite:
"Entiendo que no quieras hablar ahora, pero si más tarde deseas hacerlo, estaré aquí."
5. Diseñen juntas/os un plan de acción con acuerdos.
Cuando la tormenta haya pasado, encuentra un momento tranquilo para conversar con tu hija o hijo sobre lo sucedido y cómo se sintieron ambas/os:
"¿Te parece si hablamos sobre lo que pasó hoy en casa de la abuela?"
"Hoy, cuando te enfadaste, no quisiste hablarme y te entiendo. Pero ahora que ya pasó, ¿te gustaría contarme qué fue lo que te molestó tanto?"
Después, pueden crear juntas/os un plan de acción para situaciones similares, planteando soluciones y llegando a acuerdos de forma colaborativa.
Este diálogo puede darse al final del día o al día siguiente. Lo importante es no hacerlo mientras las emociones estén a flor de piel, ya que sería invasivo y poco respetuoso.
"¿Qué te parece si escribimos en esta hoja todo lo que podemos hacer cuando otro día nos pase algo parecido?"
Dos pasos adicionales para cuando nada parece funcionar:
6. Permítete sentir y pedir ayuda cuando lo necesites.
Uno de los pilares de la crianza respetuosa es el respeto mutuo. Por eso, no solo es importante validar las emociones de tu hija o hijo, sino también las tuyas.
Si sientes que no estás preparada/o para contenerle —porque tus impulsos están a flor de piel— retírate amablemente y pide apoyo. Así evitarás recurrir a métodos punitivos:
"Siento mucho lo que ha sucedido. Yo también estoy enfadada, así que, por respeto a ti y a mí, iré a mi cuarto unos minutos. Mientras tanto, estarás con papá hasta que regrese."
Si no hay otra persona disponible, puedes expresar cómo te sientes, para que tu hija o hijo aprenda también a ser empático/a y respetuoso/a:
"Siento mucho lo que ha pasado con tu lápiz. No me siento lista para manejar esta situación. Necesito un par de minutos a solas para calmarme. Luego, si lo deseas, volveré para conversar."
*Este paso también puede formar parte del plan de acción:
"Golpear al otro no será una opción cuando estemos enfadados. Apenas tengamos ganas de hacerlo, podemos respirar o ir a nuestro lugar favorito hasta calmarnos, como lo acordamos."
7. Sigue creyendo en ti.
Aun cuando sientas culpa o rabia porque algunos días no sabes cómo gestionar las emociones de tu peque —ni las tuyas— y pienses que lo mejor son los castigos o los gritos, recuerda:
La crianza respetuosa requiere constancia, paciencia, firmeza y amabilidad. Cuando creas que es momento de rendirte, piensa que los grandes frutos los verás a largo plazo, en una niña o un niño que crecerá y, gracias a tu ejemplo, desarrollará habilidades para la vida.
Cree en ti. Confía en tu proceso. Estás haciendo una gran labor.
Respira. ¡Lo estás haciendo bien!
• Nelly González •
Psicóloga | Psicoterapeuta
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